jueves, 20 de diciembre de 2007

FELICITACIONES


BRINDIS DE FIN DE AÑO
POR CUBA LIBRE



A los/las cubanos/as de la isla y del exilio.
A los/las ciudadanos/as del mundo entero.


Por: Héctor Peraza Linares

Periodista, escritor humorista, ex-preso político cubano

residente en Madrid España




Ruego que a las doce de la noche del próximo 31 de diciembre, (hora de cada país), en Cuba o fuera de la isla, en casas, restaurantes, hoteles, plazas públicas y en cualquier sitio donde se brinde por el nuevo año, se pronuncie, a viva voz, la frase siguiente:

¡VIVA CUBA LIBRE EN EL 2008!

Esa frase, repetida con optimismo, fe y esperanza por millones de personas en los cuatro puntos cardinales del globo terráqueo, puede transformarse en una fuerza que contribuya, decisivamente, a que en el 2008 caiga la tiranía castrista.

Por favor, divulga esta iniciativa, y ponla en práctica a las doce de la noche del 31 de diciembre del año que termina.

Exhorto a sumarse a la divulgación de la idea a estaciones de radio y televisión, y a diarios y revistas de papel y digitales.

Pido voluntarios que traduzcan la iniciativa a los principales idiomas del mundo, y me hagan llegar la traducción a través de mi correo electrónico.

Ese día, a esa hora, al levantar nuestras copas: ¡Brindemos porque Cuba sea Libre en el 2008!

EMAIL- hector.peraza.linares@hotmail.com


1 comentario:

Anonimo dijo...

El libro CUBA PATRIA EN LAGRIMAS Y EL MENSAJE DE LIANSU es el diario de la primera oleada de refugiados políticos Cubanos a travéz de la transmisiones radiales diarias de Ofelia Fox, esposa del dueño del cabaret Tropicana de la Habana y primera personalidad femenina de la radio en Español del Sur de la Florida. Ofelia transmitía diariamente por la WMIE (ahora La Cubanisima) sin cobrar un solo centavo, un mensaje de fe, esperanza y llamada a la lucha por la libertad de la patria presa de la tiranía comunista.
El siguiente mensaje fué transmitido por Ofelia a finales del mes de Diciembre de 1962 y aparece en las páginas 150-154 del libro.
"Compatriotas, hace unos dias, estando con mi esposo en Boston, fuí al aeropuerto a esperar un avión de relocalizados en el cual llegarían varios amigos. Era la primera vez que presenciaba la llegada de compatriotas a un estado tan lejano de nuestro cálido clima. Se aglutinaron en un pequeño espacio mas de una docena de fotógrafos y periodistas. Pero, esperando a los relocalizados no había un solo Cubano. Solamente yo. Llegar a Miami es como llegar a un pedacito de Cuba. Ese tintileo triste o alegre del Cubano suena a campana de amistad, de hogar, de confianza, de tú. Llegar a Boston, relocalizado, es como llegar a una casa extraña, con puertas abiertas de par en par, pero la casa está vacia.
Escuché a fotógrafos y periodistas comentando entre si: “Tomemos la película, pero no mucho pietaje. Quizas estamos perdiendo el tiempo porque a lo mejor ni lo utilizan.”
Después escuché la voz de un Norteamericano y la transparente ironía me dolió mas de lo debido: “¡Pero si vienen con abrigos!”
No sé si hago mal en calibrar la mentalidad de los que hacían estos frios comentarios por el tamaño de mi herida pero si sé que fugazmente pasó por mi imaginación lo que sentía cada uno de aquella fila de refugiados Cubanos. Eché a un lado la idea, como se deshecha un vendaje ensangrentado, para cubrir de nuevo la herida con una compresa limpia y fresca.
Vi bajar de aquel avión familias con tres y cuatro niños. Mas tarde nuestros amigos me contaron que los habían tratado maravillosamente. Eso me alegró, pero quiero confesarles algo: tal como nos queda el rastro de una horrible pesadilla me quedó en la mente la visión de estos compatriotas bajando del avión: primeros pasos de una vida nueva, prestada o quizas arrebatada al comunismo. Me parecia que estaba viendo a un inválido o un ciego, saliendo de un cabaret. Venían arrastrando la pena de huir de un país donde la vida no es posible a menos que uno se avenga al comunismo y acate la dictadura comunista como cosa buena. Y les embargaba la alegria de estar, al fin, en una nación libre que les ofrecía trabajo, satisfacción y bienestar.
Personalmente no culpo a quienes viven rodeados de alegria y bienestar en la vida. A fin de cuentas las penas vienen solas y las alegrías hay que buscarlas. Quien no llora hoy llorará mañana. Esa es la vida, que como una enorme rueda que gira sin cesar y una parte surca el fango y la otra el aire limpio y puro.
Y así es, en ese girar de la enorme rueda de mi vida, que llegan estas Navidades. He pasado ya dos en Miami. Esta tercera he de tolerarla en Boston. En Miami la Navidad tiene un poco de lo nuestro. Duele un poquitín menos. Pero esta tercera Nochebuena tan lejos de todo lo mio me dejará una cicatriz que nada ni nadie podrá borrar. Ahora sí que estoy en tierra extraña. Ahora sí que soy extranjera. Ahora sí que soy refugiada. Aquí no se oye nada respecto a Cuba. De vez en cuando leo o escucho una noticia sobre la vigilancia de los barcos que entran y salen de puertos Cubanos. Nada mas. No he oido música Cubana desde que salí de Miami. ¿Comida Cubana? Ninguna. Solamente Americana o Italo-Americana. Pasan semanas y no escucho ni una palabra en Español. De refilón, como quien no quiere las cosas, miro los foquitos de colores y los arbolitos y se me cuelan algunos villancicos, en Inglés, naturalmente. Y de repente algo me punza. Sé que es Cuba, que agoniza en la soledad de los miedos de dos potencias que, a su manera, sea como sea, si tienen aún celebraciones de Navidad.
Frente al hotel donde resido está una iglesia, de la denominación Ciencia Cristiana y el edificio tiene una capilla que me recuerda a la de nuestro capitolio. De noche la iluminan, como para animarme. A mi nada mas. Porque no veo que otros le presten atención. Y no puedo dejar de pensar, al verla, en nuestro capitolio.
Tambien mi vista abarca, desde el hotel, una plaza central con edificios, como los nuestros de la Habana Vieja. Los foquitos de colores brillan, insultantes, porque me recuerdan la ciudad que no he visto en tanto tiempo. Y así me parece sentir el corazón latiéndome mas lenta y calladamente, al unísono del corazón de Cuba donde las luces mueren victimas de los apagones – donde el Cubano ya no es alegre, ni fraternal ni libre, porque le han enseñado a odiar y envidiar y aceptar el yugo como cosa normal. Le han enseñado a justificar lo injustificable. Le han hecho creer que los culpables somos los que nos fuimos a decirle al mundo la verdad del horror que padece Cuba; los que nos fuimos para hacer lo que podamos por verla libre de nuevo. Los culpables, indiscutiblemente, son los que esclavizan a Cuba. Eso, algún dia, quedará muy claro en la historia de nuestro pueblo. La verdad, por mucho que quieran hacernos creer que es relativa nunca tiene dos caras: es verdad o es mentira. La verdad es tan clara como el agua. Los comunistas continaminaron nuestro manantial y ahora los fanáticos, los resentidos, los envidiosos y los que odian tendrán que tomar de esa agua hasta que Dios, o los Cubanos digan: “¡Basta!” Y si la cosa se prolonga, no tengo la menor duda de que algún dia veremos a muchos de ellos en el destierro. Ojalá que, de llegar ese momento, no quieran salvar su amor propio justificando aquí la horrible pesadilla que vive nuestra patria. ¡De esa pesadilla debemos estar avergonzados todos los Cubanos!"
Ofelia Fox (Liansu)