viernes, 31 de julio de 2009

LA RUINA DE LA COCA-COLA


Autor: Héctor Peraza Linares
Madrid, 27 de julio de 2009
¿Está Obama dándole pita a los castros?
¿Están los castros comiéndose las carnadas de Obama?


Obama, e Hillary Clinton, conversan a orillas de una playa de Miami. El presidente de los Estados Unidos de América porta una larga caña de pescar. Del brazo derecho de la Secretaria de Estado cuelga una cubeta llena de diferentes carnadas. Situado entre dos árboles, un letrero que reza: ORILLA DE LA DEMOCRACIA.

Obama: Hillary, ¿qué otra carnada podemos echarle a los castros?

HC: Le hemos lanzado cuatro, y las cuatro se las han comido: la de las remesas y los viajes, la de admitirlos en la OEA, la semisuspensión de la Ley Helms-Burton, y la de las conversaciones migratorias.

Obama: Te faltó una.

HC: ¿Cuál, presidente?

Obama: Los entrenamientos conjuntos que ha realizado nuestro ejército con el de ellos.

HC: ¡Cierto, presidente! Tiene usted razón. Son cinco.

Obama: Pero necesito tirarles otra más gorda. Que les apetezca mucho. Una que les sea irresistible.

HC: ¿Acaso está usted pensando en el levantamiento del embargo?

Obama: No. Por supuesto que no. En todo caso, el tal levantamiento sería la penúltima carnada que les lanzaría.

HC: ¿En la eliminación de la Ley de Ajuste Cubano?

Obama: Tampoco. Esa, en el peor de los casos, sería la última.

HC: Presidente, con todos mis respetos, pero, si seguimos tirándoles carnadas, se las irán comiendo todas una por una, y llegará el momento en que no tendremos nada que ofrecerles.

Obama: (entorna los ojos y medita) Tienes razón, Secretaria. Me he dado cuenta de que los hermanitos son muy glotones y pícaros.

HC: Cierto. Pican, pero no muerden el anzuelo que los traería a la ORILLA DE LA DEMOCRACIA.

Obama: (con un magistral gesto de una de sus manos) Tenemos que engañarlos con algo que les haga morder el anzuelo.

HC: Se me ocurre que podríamos entregarles la obsoleta base naval de Guantánamo.

Obama: No. A ellos la base no les interesa para nada. Al contrario, mientras estemos allí, siempre tendrán un argumento que esgrimir contra nosotros en la ONU. Ha de ser algo más espectacular.

HC: ¿Y si les regalamos la Estatua de la Libertad para que la coloquen frente al Comité Central?

Obama: No, porque dirán que la Estatua de la Libertad es como el Caballo de Troya, y que dentro de ella se esconderán varias divisiones de nuestros rangers.

En ese momento la Secretaria de Estado recibe, en su celular, una llamada de Bill Clinton. Cuando termina de conversar con su esposo, le dice al presidente Obama:

HC: Dice Bill que, si él estuviera como jefe de la Casa Blanca, le propondría a los hermanitos que, en lugar de veinte mil, pasen a ser cinco millones y medio los cubanos a los que otorguemos, anualmente, visas a través del bombo. De esa forma, en dos años la isla se quedaría vacía, pues Cuba tiene once millones de habitantes.

Obama: (Mata una docena de avispas y una mosca que le estaban dando vueltas alrededor de la empuñadura de la caña de pescar) No. Eso significaría que dentro de los once millones estarían incluidos los hermanitos. ¡Y yo no los quiero aquí, porque serían capaces de tumbarme del caballo, y de robarme la presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica!

HC: ¡Es verdad! ¡Bill, sigue siendo el romántico de siempre!

Obama: Secretaria, infórmeme si queda alguna carnada en la cubeta.

HC: Ni una presidente.

Obama: ¿Y si le damos a los hermanitos el secreto de la fórmula de la CocaCola? Con eso los dos se convertirían en mucho más multimillonarios de lo que ya son.

HC: ¡Es una genial idea, presi!

Obama: Seguro que, con tal carnada, morderán el anzuelo, porque verán la posibilidad de convertirse, ambos, en presidentes de la CocaCola.

Obama convence al Congreso de brindarles, a los castros, el secreto de la CocaCola, y de convertirlos en presidentes de la empresa emblemática de los Estados Unidos de Norteamérica. Acto seguido, el mandatario de la Casa Blanca, con la caña de pescar en sus manos, regresa a la ORILLA DE LA DEMOCRACIA, en compañía de Hillary Clinton que porta la cubeta.

Obama: Secretaria, estoy seguro de que, a cambio de la carnada que les ofrezco, los castros liberarán a los presos políticos, permitirán la existencia de partidos, convocarán a elecciones libres, abrirán las puertas a la libertad de prensa y a la libre empresa, y se retirarán a vivir del dinero que van a ganar como presidentes de la CocaCola.

Sin pensarlo dos veces, le ordena a la Secretaria de Estado:

Obama: ¡Entrégueme la carnada del secreto de la CocaCola que el Congreso ha depositado en la cubeta!

Hillary cumple la orden. El presidente lanza la carnada. Suelta cordel. Espera un rato. Al cabo de unos minutos, ve que el corcho se hunde varias veces. Tira con fuerza. Saca el anzuelo. Descubre, decepcionado, que ¡los castros le han comido, una vez más, la carnada!

Obama: ¡Se la han comido, y no han mordido el anzuelo!

HC: ¿Es decir que, sin concederle ninguna libertad al pueblo cubano, los castros se han convertido en los nuevos presidentes de la CocaCola?

Obama: ¡Cierto! Lo peor para nuestro país es que Fidel Castro cambiará, por una de su invención, la fórmula de hacer el refresco más famoso del mundo. ¡Eso, lamentablemente, será la ruina, estimada Secretaria!

HC: ¿La ruina de nuestro país, querido presidente?

Obama: No. ¡La ruina de la CocaCola!










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